viernes, 25 de noviembre de 2011

EL PAIS DE LAS CONTRADICCIONES


Hoy es mi ultimo día en Bangalore…mañana partimos para el norte. No estoy triste porque me quedan 20 días de viaje por este país increíble…Pero de todos modos llego el momento de empezar a sacar conclusiones no? Eso lo dejaré para un último post más adelante, pero lo que si les puedo contar de este magnífico país, es que es un país enteramente de contradicciones.
Todo lo que encontrás acá blanco, también lo encontrás negro. Las dos caras de la moneda conviven diariamente en esta tierra de maharajás, mil idiomas y mil culturas.
Hace unos días volvimos de viaje. Visitamos Delhi, Amristar y Wagah Border. Amristar es donde queda el Golden Temple (ver post sobre la historia de India), templo Sikh. Es un lugar simplemente mágico…Es el templo más visitado en India.
Sirven comida gratis las 24 horas al día. Es una cosa que hay que verla para creerla. Todo es manejado por voluntarios. El tipo sale de la oficina al mediodía, viene al templo, agarra baldes con comida y se pone a servir a todas las personas que están sentadas ordenadamente. Termina y se va de nuevo a trabajar a la oficina…te dejan muda ver estas cosas…Familias enteras van al templo a ayudar y los ves a todos pelando un montaña interminable de ajo…todos sonrientes…como dije…un lugar mágico.
Después de Amristar nos fuimos a Wagah Border. Wagah Border es el único paso fronterizo, actualmente abierto, entre India y Pakistán. Osea entiendan bien: en 2900 km de frontera que comparten ambos países, solo hay un paso fronterizo, y es éste.
Vale la aclaración que se necesita visa para entrar (tanto los indios como los europeos), por lo que no se puede pasar. La única manera de llegar a Pakistán es en avión, auto u ómnibus. Hay un solo ómnibus diario que sale todos los días de Delhi a Lahore (Pakistán). Para que se den una idea, en cada viaje que hace ese ómnibus hay una caravana de autos policiales que lo acompaña todo el camino, desde Delhi a Pakistán (500km), siempre.
 Pero lo más fantástico de este lugar no es eso, sino el hecho de que todos los días (sin interrupción, salvo después del bombardeo terrorista en Mumbai en 2008, que lo suspendieron por un mes), a las cinco de la tarde, a partir de 1957 se realiza una ceremonia de “bajar las banderas”, fomentando la “amistad” entre ambos países. Eso explica el porqué de mi sorpresa cuando llegue… esperaba encontrar un símil Colon-Paysandú y me encontré con gradas a ambos lados de la frontera.
Fila de mujeres por un lado y hombres por el otro, como en todos los lugares que vas en India. Los extranjeros tienen la ventaja de que si llevas tu pasaporte, te dejan pasar a un sector “vip”, en donde hay menos gente y estás más cerca de la parte pakistaní: un golazo.
Media hora de cola. Me hice amiga de una señora canadiense que se me prendió cual garrapata, porque la habían separado del marido, y aterrada, literalmente me dice “vos me cuidas”, y yo…tan blanquita y enorme (el promedio de altura de las mujeres acá es 1.50) tome el rol de guardaespaldas de esta mujer.
La ceremonia dura 40 minutos. Algo entre increíble y rarísimo. Los soldados marchaban y hacían unos pasos rarísimos, casi que parecía chiste. Y del otro lado (Pakistán) hacían lo mismo. Era como un espejo. Habían animadores que hacían cantar a las personas, onda “ole ole India”, pero nunca cantaban en contra del otro país, sino que a favor de su país. Yo estaba sentada cerca de la frontera, mirando los campos y casas pakistaníes (loquísimo!) y debo confesar que las cancioncitas de ellos eran mucho más pegadizas, ya que al rato me encuentro tarareando “Pakistán, Pakistán”. Este show termina cuando los soldados abren las rejas, bajan sus respectivas banderas, se dan la mano y cierran las rejas con una violencia…los mismos portazos que yo daba en mi casa a los 15 años…
El ambiente de fiesta, mezclado con desagrado era muy raro. En fin…hay que verlo para creerlo. 

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